A 11 días desde 2017…
¿A día 11 de enero hay que seguir felicitando el año? ¿Qué pereza no?… ¡Feliz año a todos!
Mi poco tiempo libre y yo hemos visto necesario hacer una entrada breve de despedida de año (mejor tarde que nunca). Se me echó el tiempo encima y no dije adiós como suele hacer todo el mundo. Qué nostálgicos nos ponemos en esas fechas jeje.
El día 31, aunque estuviera un poquito lejos de casa, nadie me quitó mi momento de Mecano – Un Año más. Esta vez cantándola bajo el fresquito polaco con una alemana que chapurreó la letra conmigo. Pues bien, como diría mi querida Ana Torroja, yo también hice mi balance de lo bueno y lo malo. Conclusión, 2017 lo resumiría en 3 palabras: Año de retos.
Y aquí estoy, remontándome al momento fin de año de 2016, en el que, por no faltar a mi cita, no me pude terminar las uvas por la risa tonta que me entró. Recuerdo que mi tía me dijo: “Pati te las tienes que acabar, si no te va a dar mala suerte para el 2017″. No soy supersticiosa, no me las comí. Y mala suerte, lo que se dice mala suerte…poca.
Así que, este año en Cracovia decidí no comérmelas directamente. No fue planeado, de hecho fui a comprarlas. Pero no entró dentro de mis prioridades y a mi cabecita se le olvidó cogerlas a última hora.
Bueno sigo, que me enrollo. Sin darme cuenta, en un abrir y cerrar de ojos me he plantado en enero dejando atrás uno de los años más cambiantes de mi vida. Gané muchas personas y momentos inigualables, pero también ‘perdí’ otras muy importantes que me han aportado mucho. La vida es así.
Posiblemente también haya sido el año de que más sensaciones he tenido al mismo tiempo. Es lo que tiene el vivir experiencias intensas. He llegado a experimentar una felicidad distinta, felicidad independiente la llamaría yo. Lejos de mi familia y mis amigos, pero sin ganas de volver. Suena egoísta lo sé, pero imagino que a todos os pasaría. Eso sí, no suena tan duro teniendo en cuenta que yo sabía que mi billete tenía vuelta y caducidad, así que la sensación era de aprovechar cada segundo.
Como os digo, la felicidad tan intensa que experimenté en mi Erasmus va a ser difícil repetirla. Nada en esta vida se saborea como la primera vez y por eso mismo, pienso que tendré sensaciones distintas, muy bonitas seguramente, pero imposibles de igualar a ésta de la que os hablo. El tener un trabajo y una cierta estabilidad te limita en ese sentido. Lo viví en el momento que tenía que ser y me alegro de ello.
He pensado varias veces que la vida de estudiante como tal, es súper bonita. Te das cuenta de ello cuando dejas de hacerlo. La libertad que se tiene, no se valora, pero no vuelve. También me gusta el sentirme independiente con mi propio trabajo, pero es distinto.
Y es curioso, hace muy poco tiempo hice una pequeñita encuesta en Instagram en la que puse: Ojalá sólo… a)Trabajar b)Estudiar. Pasadas unas 12 horas, analicé las respuestas y resulta gracioso ver como la mayoría de personas que están estudiando seleccionaron trabajar y viceversa. Mientras se estudia no se valora tanto la situación en sí hasta que se trabaja. Conclusión: No me quiero hacer mayor.
Vuelvo a desviarme y a enrollarme… Acabo ya contándoos por qué 2017 ha sido el año de retos y de SUMAR:
- Ha sido el año de salir de casa durante más de dos meses.
- Ha sido el año de mejorar idiomas y abrirme más al mundo.
- Ha sido el año de recorrer más kilómetros.
- Ha sido el año que más gente he conocido con diferencia. (Erasmus, ESN, Trabajo)
- Ha sido el año que más sentimientos juntos he experimentado. Buenos y malos.
- Ha sido el año que más hermosona me he puesto (Como diría mi abuelo). Llegué a coger 9,5 kg. He medio vuelto a la normalidad.
- Ha sido el año en el que más frío he llegado a pasar. Polonia no perdona.
- Ha sido el año de mi independencia total, el año que más me he valorado como persona.
- Ha sido el año que más logros he conseguido. A nivel laboral, académico y otros retos que venían de hace tiempo.
- Y sobre todo, ha sido el año de viajaaaaar. Puse foco en Europa y he pisado 9 nuevos países: Polonia, Alemania, Austria, Ucrania, Bruselas, Eslovaquia, Chequia, Países Bajos y Hungría (Aquí ya había estado) y 15 nuevas ciudades: Poznan, Wroclaw, Zakopane, Gdansk, Cracovia, Varsovia, Viena, Praga, Budapest, Lviv, Lodz, Brno, Bratislava, Bruselas y Colonia.

Éste año, mi foco principal está en un viaje muy leeeejos con mi familia, un viaje para recordar siempre y para experimentar esa felicidad única de la que os he hablado.
Gracias a todos los que a pesar de la distancia, el tiempo y mis despistes, han estado y están ahí.
Nos vemos pronto con una entrada que haré de mi primer Año Nuevo fuera de casa. Una decisión un tanto polémica de la que no me arrepiento. Una experiencia única y súper divertida, aunque no hubiese uvas 🙂 Eso sí, como en casa en ningún sitio.

¿Y vosotros, de qué os sentís orgullosos de vuestro 2017?
Por muchos más viajes juntos, ¡chin chin!

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