Un año viviendo en Berlín | Mi experiencia en Alemania

A 2.315 kilómetros de casa… 

18/11/2018. Hay gente que a menudo me dice que podría vivir de recuerdos y cada vez me doy más cuenta de que es cierto. Tengo memoria fotográfica para ciertos detalles y las fechas son uno de esos números donde me gusta volver y revolver en mi cabeza. Y sí, ese 18 de noviembre, es ya una fecha tatuada en mi mente. Ese día hace un año que dejé mi querida Madrid para empezar un nuevo capítulo en el futuro libro de mi vida. Y habrá muchas páginas con muchas anécdotas que contar…

Si os soy sincera, me he tirado 5 minutos pensando cómo empezar esta entrada. Tengo tanto que decir que no sé bien cómo resumirlo, pero allá v:

Berlín me eligió a mi

No recuerdo bien cómo vino esta ciudad a mi mente, lo que sí sé es que la elegí sin haber estado ni una sola vez en ella. Salió bien, pero podía haber sido una gran catástrofe… me podía haber dado por odiarla o podía simplemente no haberme encontrado. Muchas veces pasa, pero algo por dentro me decía que este reto tenía que ser ahí. Y en invierno. Y sin conocer a nadie. Y sin casa. Pero con mucho que descubrir hacia dentro y hacia fuera de mi. Así que me quedo con que Berlín me eligió a mi. Y hemos congeniado muy bien 🙂

Acabo de volver a leer la entrada de Me voy a vivir a Berlín y parece que fue ayer. Me hace gracia mi idea fija de: en 5 meses me vuelvo, solo me quiero quitar la espinita y ya. Algo de lo que intenté autoconvencerme que pasaría y algo de lo que todo mi alrededor sabía que no iba a pasar. Puede que fuera por evitar despedidas, dramas y hacerlo todo de la manera más sencilla posible. Puede que no quisiera agobiarme con el tiempo, con planificar demasiado lo que vendría. Y aquí ando.

Una carrera de fondo

Como habréis leído en otra de mis entradas favoritas, “Descubriéndome en Berlín: Mis primeros días” los primeros meses no fueron fáciles. También os digo que esos meses no los cambiaría por nada. La sensación de que todo es nuevo, la intensidad con la que vives cada momento, las ganas de descubrir, la incertidumbre, el saber que todo va a ir a mejor, el conocer gente nueva cada día, el estar completamente fuera de tu zona de confort. Después de un año, y con cierta estabilidad, os prometo que esa sensación a veces la echo de menos.

Día de mi entrevista en Berlín

En la primera parte de todo este proceso, fui bastante fuerte y rápida diría yo. Ahora mismo sé que no estaría lista para volver a hacer lo que hice. Me llamaron a los 3 días de hacer una entrevista para una empresa que casi ni conocía en Berlín y me dieron dos opciones: 1)Tómate tu tiempo y puedes empezar en uno-dos meses. 2)Puedes empezar en 2 semanas. Y no me lo pensé, elegí moverme en menos de dos semanas. Si me hubiera dado más tiempo para pensar, probablemente no estaría escribiendo esto ahora mismo. Vaya, que no estaría aquí.

A veces las decisiones te toman a ti antes de que tu las tomes. Y me lancé a la piscina; a la piscina de invierno. Una piscina profunda, con agua fría y nadie cerca para nadar conmigo. Estaba más solita que la una (drama) y lo estuve durante aproximadamente un mes (dramaX2). Con el tiempo y de forma muy natural, fui conociendo gente. Gente increíble que se ha convertido en una parte muy importante para mi, porque es gente que me ha ayudado a crecer, a avanzar, a valorarme y sentirme querida estando tan lejos de casa.

A pesar de la inestabilidad de la que hablo en las primeras semanas, en ningún momento se me pasó por la cabeza volverme a Madrid. Y no hubiera pasado nada si lo hubiera hecho, no siempre hay que forzar por el qué dirán o por creer que has fracasado. Rectificar a tiempo dice mucho de alguien. En mi caso, siempre veía un poquito de luz al final del túnel. Me aferré mucho a las señales que siempre digo que esta ciudad me da y aunque la gente piense que estoy loca me sirvió a mi misma para mantener la ilusión, las ganas y encontrar el por qué de las cosas. Y al final todo fue rodando hasta el punto que no me imagino estando en otra ciudad.

Estos 12 meses han sido una gran lección de superación para mi. Es posible construirse una vida de cero. Es posible sentirte en casa estando lejos. Es posible conseguir un trabajo que nunca pensaste que podrías lograr. Es posible que ese trabajo se haga parte de tu vida y disfrutes de él y de la gente con la que compartes el día a día. Es posible aprender idiomas que creías imposibles. También es posible que se te empiece a olvidar el tuyo propio (y esto me pasa con algunas palabras). Es posible vestir entero de negro durante una semana (jeje). En definitiva, es posible conseguir muchas cosas que ahora mismo creas que no están a tu alcance.

Recuerdos que valen (y que son) oro

Como diría Pol 3.14: “Retratos de una noche, por los fotomatones”. Mis primeras semanas en Berlín fueron de mucho pensar. Me vinieron a la cabeza ideas de todo tipo, algunas más aterrizables y otras que ya están en la basura. Pero una de ellas y de la que me siento muy orgullosa fue el prometerme que cada persona que viniera a verme tenía que pasar por un Photoautomat de los que hay por cada esquina para inmortalizar el momento.

Alexanderplatz, Berlín

Todos los días al menos una o dos veces, me quedo mirando como una tonta las fotos que me recuerdan a tantos momentos y emociones distintas que me hacen teletransportarme a lugares, personas y sensaciones. Aquí la gente me dice que soy un poco peliculera porque cada esquina o rincón me recuerdan a algo (de la memoria fotográfica esa de la que os hablo).

Mi primera semana con mi querida Alba acompañándome en el hostal porque aun no tenía casa, o la locura de Sara viniéndose para 24 horas. Aquella noche mítica con Moni en Watergate o Nico, Silke y Fabio haciendo un Cracovia 2.0. La semana de más frío que Bea y Nicol estuvieron para hacérmela más amena. Mis amigos de la uni (Ele, Miri, Pablo y Gonzalo) viviendo la experiencia más surrealista. Julia, Cris y los famosos 15 italianos a los que conseguí meter en Wilde Renate. Marimar y el sol que me trajo durante ese finde tan chill. Ali y Clara, mi equipo Currywurst por las alturas de Berlín y Potsdam. Javi, la bici en Tempelhof y los paseos sin hora y sin prisa. Ana, Luna y el gran remate después de una semana en la selva negra. Bea, la sorpresa de mi cumple y conversaciones de vida en el río. Mi otra Ana, mercados, Club Mate y grandísimo final en Sisyphos. Andrés y Bea, y sus días previos a su nueva vida en Australia que fueron épicos. Laura y los reencuentros pasados 10 años hablando de como la vida sigue y el tiempo parece que no pasa.

Tengo de los recuerdos más bonitos del mundo y estas fotos que veis aquí son lo que más valoro. Atentos a los que vengáis o volváis próximamente, porque nadie se va de aquí sin una foto en el Photoautomat.

Berlín me ha enseñado mucho

En este año me he conocido mejor y he aprendido lecciones de vida. Berlín me ha enseñado a ser paciente, a fijarme más aún en los detalles, a ver esa belleza que pocos consiguen (y a veces cuesta) ver. Me ha mostrado su cara más real donde no todo es de colores, con su parte oscura y dura. Me ha enseñado a ser menos perfeccionista y más atenta. Me ha demostrado que ser diferente es algo bonito y no raro (con connotación negativa). Me ha hecho valorar lo que tengo lejos y a saber que la distancia a veces acerca y une más.

Y lo dicho, estoy y sigo enganchada a esta ciudad y de lo que me he construido pasito a pasito. Echo la vista atrás y solo puedo decir que el tiempo vuela, pero si de verdad quieres, también puedes volar tú con él (y disfrutar del camino).

Y ahora, la eterna pregunta del: ¿Cuánto tiempo más?

Ni lo sé ni lo quiero saber. El tiempo es de los pocos términos que me agobian de verdad por lo rápido que siempre pasa, así que mi idea es disfrutar y exprimir esta experiencia al máximo, seguir arriba de esta montaña rusa y a por lo que tenga que venir.

Ostkreutz, Berlín

En el circo de esta etapa de mi vida, estoy segura que Berlín va a ser una gran actuación, no sé si la mejor, pero desde luego que una muy muy intensa. Y con esto, sólo me queda decir gracias por todo lo vivido y ¡¡¡que continúe la función!!!

Love Parade, Berlín

contra viento y marea 🌬️🌊


Comments

12 responses to “Un año viviendo en Berlín | Mi experiencia en Alemania”

  1. ¡Gracias Patricia por compartir tus experiencias! Me encanta leer tus entradas.
    ¡Un abrazo!

    Like

    1. Gracias a ti por dedicar tiempo a ellas 🙂 Un abrazo desde Berlín!

      Liked by 1 person

      1. ¡Otro abrazo de vuelta desde el sur de Chile!

        Liked by 1 person

  2. Seguramente modificaste tu paisaje interior al estar en Alemania. Abrazo grande.

    Like

  3. Francisco Bravo Cabrera Avatar
    Francisco Bravo Cabrera

    Muy bonita experiencia…me encantan los arranques de espontaneidad. Un saludo de Valencia

    Like

    1. Muchas gracias Francisco! 🙂 un saludo

      Liked by 1 person

      1. Francisco Bravo Cabrera Avatar
        Francisco Bravo Cabrera

        Un placer

        Like

  4. Muy amenos tus post, un placer leerlos. Por cierto, espero nuevas entradas de tus peripecias por Berlín, ciudad que me encanta como creo que ya te comenté. Si vuelvo en breve te pregunto para que me digas algún sitio chulo fuera de la ruta turística habitual que ya me conozco. Mucha suerte!!!

    Liked by 1 person

    1. Hola Jorge! Sí, desde luego habrá más aventuras. Gracias por leerme, un saludo! 😀

      Like

  5. […] Un año viviendo en Berlín […]

    Like

  6. ¡Muchas gracias por compartir esta experiencia tan bonita! Lo que explicas son sensaciones increíbles.

    Like

    1. muchas gracias!!!

      Like

Leave a comment