Viviendo Entre Dos Mundos: Experiencias entre Berlín y Madrid

6???? Llevo ya esos años en Berlín, y cada vez que vuelvo a España me pasa algo curioso: necesito un par de días (a veces una semana) para reajustarme. Como si una parte de mí no encajara del todo allí, pero tampoco aquí. Ya no me siento 100% española, pero tampoco me siento alemana. Vivo en esa especie de tierra de nadie cultural que, aunque rara, también es mágica.

Cuando llegué aquí con 23 años, Berlín me pareció un caos fascinante. No tiene esa belleza pulida de otras ciudades europeas, pero sí un magnetismo único. Con el tiempo, he ido adoptando partes de su forma de vida, y sin darme cuenta, esas cosas me han transformado. Por ejemplo, aquí las reglas sociales son más flexibles. Tengo amigos que me sacan 10 años y otros que son 10 años más jóvenes que yo. Cada uno lleva su vida a su ritmo: algunos ya tienen hijos, otros están descubriendo qué quieren hacer con su vida, y otros están en mil proyectos creativos. No se respira la presión de seguir el plan social de “1, 2, 3” (trabajo, pareja, hijos) que a veces parece tan marcado en Madrid. Esa libertad me da aire, pero también hace que el contraste cuando vuelvo a España sea heavy.

Cafe Kotti Berlin Kreuzberg

En Madrid, el ritmo es otro. Todo es rápido, intenso, y muchas veces parece que la gente sigue un guion por inercia. Ojo, no digo que esté mal; es sólo diferente. A mí, después de estos años en Berlín, me cuesta un poco encajar. Y eso que siempre que voy tengo la suerte de que mis amigos sacan tiempo para mi y les gusta verme. Pero hay algo agridulce en sentir que, aunque sigo siendo española, ya no conecto al 100% con ciertas dinámicas sociales. Aquí siento que todo es más espontáneo: mezclas grupos de amigos sin que nadie se sienta incómodo, sales entre semana a una galería de arte o a bañarte en un lago en verano. La vida no parece tan estructurada, y eso es algo que ahora valoro muchísimo. También es cierto que la calidad de vida y trabajo aquí es más sana, algo de lo que me he ido dando cuenta con el tiempo, y que marca una gran diferencia.

A parte de todo esto, Berlín tiene algo que me inspira constantemente: su creatividad. Es una ciudad llena de gente que quiere hacer cosas nuevas. Puedes encontrarte a alguien que está montando una start-up, otro que pinta murales en las calles, y otro que da talleres de cerámica en su salón. Esa energía creativa está en todas partes. No importa si eres bueno o malo, aquí lo importante es intentarlo. Y eso es contagioso.

Alternativo Berlin industrial

Otra cosa que me ha cambiado es la forma en que valoro las pequeñas cosas, como el sol. En España, damos por hecho que el sol estará ahí cada día, pero en Berlín es un lujo. Una religión. Aquí, cuando aparece, todo el mundo sale corriendo a los parques. Yo también he aprendido a disfrutarlo como nunca antes. Me tumbo en el césped de cualquier parque y siento esa conexión con la naturaleza que nunca pensé que sería tan importante para mí.

Hablando de parques, el verde de Berlín es algo que me enamoró desde el principio. No es sólo que haya muchos parques, es que están por todas partes. Puedes ir en bici y cruzarte con un lago o un bosque en plena ciudad. Además, el tráfico aquí es mínimo comparado con otras ciudades. Vivir sin ese caos constante de coches tocando el claxon a todas horas tiene algo de terapéutico.

BVG Berlin amarillo transporte publico

Y como mujer, Berlín me ha ofrecido algo especial: autonomía. Aquí nadie parece obsesionado con tu apariencia o con cómo vistes. Es una ciudad donde te sientes libre de ser quien quieras sin que los demás te miren raro. Puedo salir a la calle en pijama si quiero, y nadie se va a girar. Esa falta de juicio constante me ha ayudado a ser más auténtica, más yo.

Volver a España siempre es una mezcla de emociones. Por un lado, está la calidez de mi gente, la forma de ser, las jergas, las costumbres, el placer de una buena comida casera y las risas en las terrazas con amigos. Pero también está esa sensación de que, de alguna manera, ya no encajo del todo. Berlín me ha enseñado a vivir a mi ritmo, a disfrutar de la vida sin tantas expectativas externas.

Al final, no pertenecer al 100% a un lugar u otro tiene algo bonito. Berlín me ha dado libertad, creatividad y una forma de vida más consciente. España, por su parte, sigue siendo mi hogar, con todo lo que eso significa. Y aunque siempre me quedo con una sensación agridulce, sé que tener un pie en cada lugar es lo que me hace ser quien soy. 💚

Berlin a traves de la ventana

no has terminado aquí, el camino sigue

Si algo me ha enseñado vivir en Berlín estos seis años es que no hay una versión fija de mí misma. Cuando llegué con 23, era una chica buscando respuestas, tratando de encajar y adaptarme a todo lo nuevo. Ahora, con 29, siento que he encontrado una serenidad que antes no tenía, una especie de paz en dejar de buscar algo fuera de mi o encajar en moldes.

Berlín me ha enseñado que está bien tomarse la vida a otro ritmo, que no tengo que seguir el camino que otros esperan, sino el que yo quiero. He aprendido a ser más independiente, más consciente de lo que me hace feliz, y más relajada ante lo que no puedo controlar. Pero también soy consciente de que el camino no se acaba aquí. Todavía tengo muchísimo por aprender, muchísimas formas en las que quiero seguir creciendo.

el camino sigue

Torre de la TV Berlin

Comments

4 responses to “Viviendo Entre Dos Mundos: Experiencias entre Berlín y Madrid”

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    Berlín tiene suerte de “tenerte”.

    ¡Te quiero bonita!

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    Pati, siempre es maravilloso leerte. Y, ¿sabes? Has descrito a la perfección un sentimiento que yo tengo también, que nació en mí en 2016 cuando salí del nido por primera vez (mis 6 meses de Erasmus en Suecia), pero que luego ha ido evolucionando y haciéndose más evidente con las experiencias posteriores (dos años en Milán y estos últimos tres en Barcelona).

    Es esa sensación de vivir “entre dos mundos”, de tener doble o triple personalidad, por las versiones de nosotras que se han formado en esas ciudades y que al volver a nuestro origen, colisionan entre sí. Es como si coleccionáramos realidades, o hubiéramos vivido varias vidas dentro de una sola, ¿no?

    Antes no era tan consciente de hasta qué punto nuestra ubicación nos “cambia el chip”; pensé que no era tan determinante, pero ahora pienso diferente. Qué bonito es sentirse parte de muchos sitios y a la vez no necesitar encajar en ninguno en concreto 🙂 Es la riqueza que nos aporta ver más mundo y conocer otras formas de entender la vida.

    Estoy deseando leer más posts, siempre pones en palabras ideas interesantes y es como estar allí contigo por un rato 😉

    Un besazo, aventurera!

    Cari

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    1. gracias por tus palabras Cariiiii, un abrazo fuerte ♡

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