A 2.457 kilómetros de casa…
El pasado sábado me despertó la luz del sol a eso de las 7 de la mañana. En mi habitación no tengo persianas y aquí en Esocia amanece a las 5:20…maravilloso todo. La noche anterior habíamos salido de fiesta por Dundee y me había acostado tarde.

Aún no tenía muy claro cómo planificar mi fin de semana, sólo pretendía poder dormir una horita más… Y bueno, tras remolonear un poco, decidí levantarme y empezar a hacer algo productivo. Desde que llegué a este país tenía en mente volver a la casa que expliqué en mi primera entrada, el lugar donde estuvimos mi familia y yo un mes y medio durante dos veranos consecutivos. Quería ir a ver aquella finca enorme y también quería visitar a Bill y Muriel, la familia a la que alquilamos la casa y con la que durante ese tiempo hicimos muy buena amistad.

Y ese era el día. Era sábado, el día estaba soleado y hacía calorcito. Sólo me faltaba saber cómo ir. Mi amigo Google Maps me ayudó a encontrar la ubicación. Así que cogí mi cámara, mi botella de agua, mi mochila, y en marcha. Opté por ir en autobús aunque sé que no es el mejor medio para moverse por Escocia.
Y así es, el autobús me dejó en medio de la nada en una carretera donde no cabían dos coches. ¿Cómo iba a volver luego a casa si en ningún sitio había parada de autobús? Bueno, no era momento de pensarlo, las ganas de llegar allí no me hicieron darle demasiadas vueltas.



Caminé durante 40 minutos con un poco de intuición, ya que la cobertura brillaba por su ausencia desde el minuto 1 que salí de casa. Cada vez la zona se me hacía más familiar y la verdad que no sé bien cómo explicar la sensación, pero sentía una mezcla entre nostalgia y felicidad absoluta.

Soy una persona con un vínculo familiar bastante fuerte y el recordar aquellos dos años que para mi fueron las mejores vacaciones con mi familia, me hacía estar felíz, pero con ganas de que estuvieran allí conmigo disfrutando del momento, tal y como lo estaba haciendo yo.

Al seguir caminando llegué a un camino más estrecho aún y lleno de árboles. El silencio cada vez se hacía más amplio. Tan sólo se escuchaba el choque de las hojas por el viento ligero que había y algún que otro pajarillo que revoloteaba por allí.

En cuanto vi el cartel de “Pitcairlie Farm” sabía que estaba muy muy cerca. Aceleré un poco el paso durante dos minutos hasta que finalmente llegué. 🙂

La sensación que tuve al ver aquello era rarísima, parecía como si todo se hubiera detenido durante mucho tiempo. Pero no era así, habían pasado nada más y nada menos que 9 años desde la última vez que estuve allí.


Fui hacia la casa de la familia cruzando los dedos para que estuviesen allí. Mi opción “B” si no estaban, era dejarles una nota. Pero tuve suerte. Llamé a la puerta y segundos después me abrió una abuelita caminando despacio con un bastón. Me impactó verla tan mayor a sus 84 años. Claro, el tiempo pasa por todos… Me miró fijamente durante 5 segundos hasta que dijo. ¿Patricia? No me imaginaba que me fuera a reconocer, pero así fue. Me dio un abrazo y estuvimos hablando durante un buen rato. Después me preparó un té con leche y llamó a Bill, su marido, para que viniera a casa. De la misma manera, la sorpresa fue muy grande también, se alegraron mucho de verme y yo de estar allí de una manera tan familiar. Me sacaron un álbum de fotos nuestras que tenían guardado y Bell, el perro de las fotos, sigue siendo el mismo. 🙂

Una de las mejores noticias fue cuando me dijeron que los caballos seguían estando allí. Movak y Rusty.


Pasamos toda la tarde hablando y recordando anécdotas. Bill me enseñó su colección de coches antiguos y me llevó a dar una vuelta en uno del año 1964. (Casi como mi tartanita)

Durante las dos horas siguientes, fui a partes de la finca que me faltaban por ver. Estuve en la explanada donde siempre hacia juegos y gimnasia con mi hermana (Incluído en el vídeo en su honor), después di de comer a los caballos, fui al lago con los cisnes y las 500 ranas, vi las Highland Cows, subí al cementerio perdido en el bosque que seguía siendo igual de escalofriante… En definitiva, di un repaso a todos todos mis recuerdos. Finalmente, volví a la casa para estar otro rato con la familia.







Cuando volví a casa, la familia me tenía preparada una cena escocesa. Haggis -Typical Scottish- con huevos fritos, bacon y un filete de carne especial que no recuerdo como se llamaba.
Después de cenar, Bill me llevó a casa y quedé en volver a visitarles un día con más tiempo antes de que tenga que volver a España.
Pase un día muy muy bonito, me acordé mucho de mi familia, de amigos que vinieron a visitarnos y de mis abuelos que también estuvieron aquí durante unos días disfrutando de este pequeño gran paraíso.

Quise grabar todo para compartirlo con mi familia, así que os dejo un vídeo de cómo fue mi día allí, en mi casa, otra vez 🙂
¡ Nos vemos ‘Muuuuuu’y pronto !

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