A 2.506 kilómetros de casa…
Como llevaba unos cuantos días sin escribir, he decidido exprimir la memoria para contaros un “poquito” del primer viaje que hice este año y del cual aún no había escrito nada, así que abrigaos que allá vamos:

Cuando vuelves de un viaje siempre queda en tu recuerdo la esencia del lugar, lo más relevante, lo que más te sorprendió…
Del viaje que hice a Copenhague el pasado mes de enero, recuerdo claramente una cosa: FRÍO, MUCHO FRÍO.
Nos planteamos este viaje a comienzos de año. Queríamos un destino cómodo de visitar, una ciudad distinta y no muy saturda. Juntando eso con las ofertas de Ryanair, decidimos (de manera un poco improvisada) coger dos vuelos que nos salieron por 28 euros ida y vuelta. Del 19 al 23 de enero.

Llegamos por la tarde-noche. Eran las 20:00h y hacía 3 grados bajo cero, nada comparado con lo que nos esperaba los siguientes días.

Lo primero que hicimos al llegar, fue ir a dejar las cosas. Nos alojamos en el Hotel Maritime, situado en pleno centro de la ciudad y en frente de un precioso canal.

A partir de ahí, decidimos salir a ver la ciudad con 80 capas de ropa, gorros, orejeras, bragas de cuello y por supuesto, nuestra cámara de fotos.

Y nos encontramos con esto, una ciudad fantasma… Los daneses sabían bien lo que hacían quedándose calentitos en sus casas. 🙂
Dimos una vuelta para captar las primeras impresiones y decidimos poner rumbo al hotel y descansar para el día siguiente.

¿Sabíais que Copenhague está considera como la ciudad más feliz del mundo? Sí, y no porque su gente esté siempre con la sonrisa de oreja a oreja, sino por su magnífica calidad de vida.
También está considerada como la ciudad más ecológica, donde las bicicletas tienen un estatus de preferencia sobre los vehículos a motor. Haya viento, lluvia, nieve o hielo.

Nyhavn
A la mañana siguiente decidimos recorrer la ciudad que, al ser chiquitita, se puede ver perfectamente andando. La vidilla y el ambiente se iba notando, aunque los 10 grados bajo cero y bajo nuestros huesos también lo hacían.

Nuestra primera parada fue el puerto de Nyhavn, protagonista de las mejores fotografías de Copenhague. La esencia de esta ciudad se recoge en esta calle, para mi el alma de la ciudad. Un canal concurrido, alegre, lleno de terrazas y locales a ambos lados del canal, sus casas de colores. Siempre es un buen momento, de día o de noche, para darse una vuelta por aquí.

Los Jardines del Rey
Nuestra siguiente parada fueron los Jardines del Rey. Son unos impresionantes jardines, muy cuidados donde encontramos también el Castillo Rosenborg.


En el interior del Castillo, se pueden visitar la mayoría de las las habitaciones, los amplios salones y las joyas de la Corona.
Tanto este castillo como los principales monumentos los pudimos ver gratis gracias a la “Copenhagen Card”. ¿Qué es? La Copenhagen Card es una tarjeta turística de Copenhague que incluye la entrada libre a 73 museos y monumentos, además del uso ilimitado del transporte público (incluyendo metro, tren y autobuses) y algunos descuentos extra en alquiler de coches y restaurantes.

Muy rentable teniendo en cuenta que Copenhague es una ciudad cara y si quieres visitar, al menos, 3 lugares emblemáticos, la rentabilizas.
Nosotros cogimos la tarjeta de 48 horas que nos costó 35 euros y con ella entramos en el Castillo de Rosenborg, en la Torre redonda, en el Zoo, el Jardín Botánico, la Fábrica de Calsberg, un Tour en barco por los canales y cogimos transporte público ilimitado.
Iglesia de mármol y Cambio de Guardia

Después de ver los jardines y el Castillo, entramos en la Iglesia de Mármol a resguardarnos del frío durante 20 minutos. Ver para creer… Al salir de allí, fuimos a ver un Cambio de Guardia. Se celebra solo cuando la reina está en palacio. Esos días tiene lugar a las 11:30 y dura aproximadamente media hora.
Después fuimos al barrio de Christianshavn a comer algo calentito. Pero no, lo más calentito que tenían era un salmón ahumado de 10 centímetros y un filete de carne fría, dura y con una especie de salsas que le daban un toque muy danés…

Christiania
Al salir de allí, dimos una vuelta por este barrio y decidimos ir a buscar un lugar muy peculiar del que había oído hablar y en el que me voy a centrar.
Un lugar extraño, a veces peligroso, a veces divertido, pero para mi, imprescindible de visitar por lo menos una vez. Ese lugar se llama Christiania.

Nuestros pies llegaron a la “ciudad libre” y lo primero que hicimos fue guardar la cámara por seguridad, ya que las personas de allí odian que hagan fotos, se enfadan y puede llegar a ser peligroso. Así que las únicas fotos que pude hacer son las que veis aquí.


Nada más entrar, vimos un cartel donde ponía claramente las reglas de este barrio en varios idiomas:
Estimados amigios, en Green Light District tenemos tres reglas:
-Diviértete
-No corras (Crea pánico)
-No se hacen fotos (Comprar y vender Hash sigue siendo ilegal)

Y ahora sí, os preguntaréis…¿Qué es Christiania?
Frente a la organizada y civilizada Copenhague, está la versión más hippie de esta ciudad, y esto es Christiania, formada por una comunidad alternativa que empezó a surgir en los años setenta.
Es una ciudad libre, no hay leyes, no hay normas, no hay prohibiciones. Christiania es un “yo me lo guiso, yo me lo como”, un respetar, vivir y ser feliz.

Uno de los motivos por los que se hizo famoso este barrio fue porque estaba permitida la venta y consumo de drogas blandas. Hoy en día la realidad es que este barrio no está bien visto y hay continuas redadas por lo que verás a los christianitas que miran con recelo al turista con su cámara colgada al cuello, ya que en el centro del barrio no están permitidas las fotos porque esto puede causarles graves problemas con la policía.

La zona aunque la vimos bastante desangelada, tenía algunas tiendas de ropa y accesorios hippies, y algún que otro bar en el que aprovechamos hacer una paradita, tomarnos algo y ya de paso relajarnos. Vamos, que con tanto ambiente concentrado, uno se va muy happy de allí 😉

Lo diferente es bonito, las mezclas son bonitas. Aquí nos encontramos casas mezcladas con barracones grafiteados, nos encontramos lugares ruidosos y remansos de paz, un templo tibetano y baldosas pidiendo paz, lugares dejados y lugares cuidados hasta el mas mínimo detalle, cosas gratis y cosas pagando, ojos amables y ojos enfadados….

Al principio pensé que sería un sitio dónde únicamente la gente antisistema fumaba a sus anchas. Pero paseando por allí vi familias, familias que viven su vida libremente, gente bohemia leyendo a orillas del río, gente que venía de trabajar, señoras que plantaban flores en botas de agua. Una mezcla que hacía de este barrio un lugar único.

Nosotros quisimos ver lo máximo que nos permitieron, y salimos de allí con una cosa más aprendida y alguna que otra experiencia graciosa más para contar.

Sin duda alguna, el lugar más curioso de toda la ciudad.

Strøget
Esa noche decidimos dar una vuelta a través de Strøget, la calle peatonal más larga del mundo. Es muy buen lugar para perderte y descubrir cada secreto que esconden sus calles con casas de tejados de dos aguas y que conducen a hermosas plazas y grandes palacios mientras dejas a un lado y otro decenas de tiendas, bares y restaurantes.

Tienda de Lego
Dinamarca es la tierra originaria de LEGO. Se dice, se cuenta por los mentideros de Copenhague, que si vas a la ciudad y no pasas por la tienda estandarte de LEGO en el centro, no te dejan montarte en el avión de vuelta.
Allí podrás encontrar exclusivos sets de Lego, que solo podrás comprar en esa tienda.

La tienda está dividida en tres grandes partes: una en la que podrás jugar con los ladrillos de colores, otra en la que podrás comprar y una tercera en la que los habitantes de Copenhague, pieza a pieza, han recreado su ciudad en miniatura. Merece la pena darse un paseo por allí y ver las curiosas figuras que han conseguido con las piezas.
La noche en Copenhague
En las 4 noches que pasamos allí, salimos dos de ellas a tomar algo. La primera, fuimos a un barquito que estaba anclado en el canal, al lado de nuestro hotel y la siguiente noche fuimos a un Pub irlandés-danés con música en directo. Una maravilla escondida en Nyhavn y uno de los mejores recuerdos que nos llevamos.

Fábrica de Calsberg
Al día siguiente decidimos seguir aprovechando la Copenhagen Card y nos movimos a las afueras de la ciudad para visitar la famosa Fábrica de Calsberg.

Las antiguas instalaciones son bonitas y están bien conservadas. Nosotros hicimos la visita corta y sin guía. Durante la visita, te dan 2 cervezas distintas para degustar.
El Zoo de Copenhague

El zoo de Copenhague es una escapada distinta si queréis salir del centro de la ciudad. Está situado en el borde del enorme parque Frederiksberg.
Está lleno de criaturas salvajes, grandes y pequeñas. Una famosa casa de elefantes, un oso polar y tigres, entre otros. 
Lo vimos en apenas dos horas y fue una escapada diferente y tranquila, ya que estábamos solos allí. ¿Sería por el frío? 😉



Tívoli
Es un bonito jardín en el centro de la ciudad cerca de la plaza del Ayuntamiento, que contiene un parque de atracciones de época originario de 1843. Se conserva desde sus orígenes y es realmente bonito y llamativo.
El parque está abierto entre noviembre y enero-abril y septiembre y en eventos especiales como Halloween y Nochevieja. 
Nosotros no tuvimos la suerte de verlo abierto ni de poder disfrutar de sus atracciones, pero dimos una vuelta alrededor y pudimos contemplar muchos de sus rinconcitos con encanto.
Paseo en barco por los canales
A la mañana siguiente comenzamos el día con una ruta en barco por los canales de la ciudad.

Lo que hicimos fue relajarnos y disfrutar de las vistas de la capital danesa desde el agua mientras un guía nos iba contando historias de la ciudad. Desde el agua pudimos ver algunos grandes atractivos turísticos de Copenhague como Nyhavn, el Parlamento o la Sirenita y recorrimos algunos de los barrios más típicos por los que surcan canales como el de Christianshavn.
Duró aproximadamente una hora y media y es muy interesante si queréis aprender curiosidades danesas. Por momentos, parecía que estábamos en la Antártida ya que el barco a medida que avanzaba por los canales, iba rompiendo los casquetes de hielo que se habían formado de la noche anterior.
Alquiler de bicis
Otra de las actividades que por mucho frío que haga es altamente recomendable es alquilar una bici. En Dinamarca la gente va en bicicleta a cualquier sitio y Copenhague está preparada para ello.
Nosotros alquilamos 2 bicis durante una tarde completa y a través del hielo, la nieve y el viento llegamos a lugares como los dos barrios más importantes de la ciudad, la Biblioteca Nacional (que es una pasada), muchos de los edificios famosos por su arquitectura, La Sirenita y el barrio de Christiania, esta vez de manera más rapidita.
La Sirenita
La Sirenita se ha convertido claramente en el emblema de la ciudad de Copenhague. Es una pequeña estatua, situada al norte de la fortaleza de Kasteller, claramente identificable por su forma de estrella en el mapa, la cual es interesante de visitar y pasear por dentro.

La escultura en sí es probable que os decepcione, por su pequeño tamaño. Pero sin duda alguna, será una de las fotos que os queráis llevar de recuerdo.

Con casi toda la ciudad pateada y con muchísimas anécdotas por contar, nos despedimos de la ciudad y pusimos rumbo a Madrid con una idea muy clara:

“En Copenhague se congelan las ideas pero se despeja la mente.”
¡Hasta la póxima!

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