A 1.762 kilómetros de casa…
El pasado fin de semana me reuní por primera vez con algunos de mis amigos de Cracovia. Por motivos de trabajo, uni, etc, sólo pude escaparme un par de días; dos días que merecieron realmente la pena.
Hace tiempo, una chica me dijo: Lo mejor del Erasmus son los reencuentros. Y yo pensaba, ¿de verdad puede haber algo mejor que esto? Pues sí amigos. Obviamente no es comparable a toda la experiencia vivida, pero es muy bonito ver que por mucho tiempo que pase, te vas a reencontrar, vas a recordar las miles de aventuras compartidas y sobre todo, vas a tener la sensación de que no ha pasado el tiempo.
El caso es que hace un mes decidimos organizar la primera reunión Erasmus en Alemania. El plan era dormir en casa de una amiga que vive en Colonia. ¿La excusa? El 11-11 a las 11:11 se celebra el inicio del Karneval Köln.
Cada uno desde su ciudad se buscó la vida para cogerse un vuelo, tren, autobús, coche, dependiendo de la distancia. Yo me vine arriba y en el fin de semana cogí: Un vuelo a Charleroi (Shagluá para los belgas); un autobús de Charleroi a Bruselas; una bici por todo Bruselas; un tren a Colonia; el coche de la anfitriona a la vuelta del Carnaval. Vamos, que me faltó volverme en barco.
Madrid – Bruselas
Y os preguntaréis, para dos días que tienes, ¿qué haces yéndote a Bruselas a perder el tiempo? Aaaaamigos, bienvenidos a la vida del estudiante. Cheap flights can give you almost everything… 15 euritos fueron los culpables de mi vuelo a Bruselas. Llegaba el viernes a las 9 de la mañana y me daba tiempo a ver la ciudad para llegar a Colonia por la noche. El caso es que tonta de mi, lo fui dejando y dejando hasta que llegué a Bruselas ciudad sin haber comprado el billete de tren a Colonia. Y para mayor sorpresa, cuando llegué a las estación, sólo quedaban tickets inflados de precio (90, 100, 120€). ¿Quéeee hago con mi vida? Mi padre ya me lo advirtió…
Como por arte de magia, la suerte vino a mi. El chico de la taquilla me informó de que quedaba UN ticket para estudiante, en primera clase, 25€ (Comida incluída 😀 ). Eeeese dije sin dudar un segundo. Ahora la parte negativa. Eran las 11:30 de la mañana y el tren salía a las 13:28. Tanto tanto con cogerme un vuelo a Bruselas como para irme sin ver la ciudad. NO WAY. Corriendo (literal), salí de la estación para empezar a ver cosas con el poco tiempo que tenía. Sin mapa, sin dirección. Empecé a preguntar a la poca gente que había por la calle, pero no hablaban inglés. Me veían un poco extraña con dos bolsas a cuestas, un paquete de galletas en la mano y cara de tener mucha prisa. Me fui guiando por inercia y claro, la orientación no es que sea mi punto fuerte, así que siguiendo unas calles llenas de arte urbano, aparecí en Molenbeeck. Si Googleais esa palabra os aparecerá esto: Molenbeek, el barrio de Bruselas epicentro del yihadismo europeo.
Pues sí, hasta ahí llegué yo, no me digáis cómo. El caso es que no paraba de ver Kebabs, negocios extraños con letras inentendibles. El 90% de la gente no parecía local y sus caras permanecían serias; intenté preguntar pero no hablaban inglés. Por un momento sentí que no estaba en Bélgica, el escenario era más asociable a Marrakech. Al principio, mientras hacía una foto a una Iglesia, tres chavales de unos 17 años reían y me observaban. La situación (que seguramente no tuviera más importancia) empezó a sugestionarme y algo me dijo que me fuera de allí. Un barrendero me ayudó y con señas entendí que tenía que coger un bus 7 paradas al centro. El tiempo iba pasando, qué estrés, ¡no me iba a dar tiempo a ver nada! Cogí el autobús y en una de las paradas vi un stand de alquiler de bicis. No lo pensé, me bajé automáticamente y fui directa. Alquilé una bici durante una hora ya que no tenía más tiempo y ahorá sí, en menos de 5 minutos llegué al centro. Estaba lloviendo, hacía 2ºC, pero el empezar a ver el centro de la ciudad y Bruselas en su esencia, me motivó. 🙂 Y así hice, en cuestión de una hora pude ver lo más importante (El Atomium no, estaba lejos). Aun así, me quedé satisfecha.
Eran las 13:10, yo seguía en la Grand-Place haciendo fotos. Era hora de irse, no podía perder el tren. Dejé la bici en el Stand donde la había cogido y empecé a correr a la estación. Pregunté a unas chicas cuánto tiempo tenía caminando hasta allí y me dijeron que unos 20 minutos. Mierda. Empecé a correr. Ya me dolía las espalda de la mochila, pero no podía parar. Llegué al tren 2 minutos antes de que saliera 13:26. ¡Lo había conseguido!
Bruselas – Colonia
El trayecto se me pasó muy rápido. Me sentí una turista pija en primera clase con mi zumo de naranja y mis 3 sandwiches de hummus.
Llegué a las 15:15 a la estación de Colonia. Vanessa, vino a recogerme. Primer reencuentro; estación de tren; todo el mundo mirando; nosotras dos corriendo en el andén a abrazarnos; modo película ON.
La primera vista que tuve de Colonia fue la Catedral, que por cierto, me recuerda a la de Burgos. La segunda vista fue la cerveza de Colonia. Fuimos a un bar típico a probarla y a ponernos al día de los últimos 5 meses. El tiempo no había pasado. 🙂
Durante toda la tarde del viernes fuimos a dejar las cosas a su mansión, porque eso no se puede llamar casa. Me preparó una merienda polaca riquísima, fuimos a comprar la comida del fin de semana y dimos una vuelta nocturna por Colonia escuchando música tradicional y cantando a grito pelao’ (yo inventándome la letra obviamente).
Después recogimos en el aeropuerto a los siguientes: Fabio (mi súper compi italiano de piso durante mi Erasmus) y Silke (la veggiebelga más genial del mundo). Segundo reencuentro. De ahí fuimos a cenar a Bonn, antigua capital alemana y bastante más pequeñita que Colonia.
Por la noche nada más llegar a casa, mientras esperábamos a los siguientes…Yo caí.
Carnaval de Colonia 11-11 11:11
Nos despertamos a las 7:30. Desayunamos lo más fatty del mundo para aguantar bien el día: Pizzas, pasta con verduras y carne. Nos disfrazamos, yo de vaca/perro, no sé bien lo que era y fuimos a Colonia ciudad para encontrarnos con los que quedaban: Berni y Jonas, los alemanes más poco alemanes que existen. Y Nico, mi otro super compi de piso en Krakow que también vive en Madrid.

Al cruzar una esquina de la estación, nos encontramos a los dos alemanes. Empezamos a saltar y me abracé a Jonas que no paraba de decir: “Aaay Patito, mi Pato, can’t believe it”. Otra escena de película. 😀 Euforia total y 10 minutos para el cañonazo de las 11:11 que entre saludos y abrazos nos perdimos. OLÉ.
Pasamos un día geniaaaal lleno de música, bailes y gestos de buenrrollismo con la gente de allí. Ya me lo habían dicho, pero certifico que en esa zona de Alemania la gente es muy abierta.
Conduje a casa de Vanessa a las 22:00h con la sensación de que eran las 5 de la mañana. Trece horas de fiesta dan para mucho. Nos quedamos en casa contando batallitas y a dormir.
Colonia – Madrid
Al día siguiente no hicimos mucho. Descansamos bien, desayunamos también muy bien, nos quedamos hablando, haciendo maletas y a las 16:00 me llevaron al aeropuerto. Despedidas de nuevo y buen sabor de boca sabiendo que pronto habrá otra.
Y… vuelta a casa, desconexión de la rutina por unos días con el mensaje que todos nos llevamos de este finde:
Qué suerte tuvimos y cómo echamos de menos nuestra Cracovia.


Leave a reply to Paul Blog Cancel reply